Ya veo, se trata de no aparecer. Pase lo que pase seremos invisibles. Es un buen destino. Tal vez no lo hubiese escogido entre otros diferentes, pero a estas alturas qué más da lo que hubiese podido elegir.
¿Importa si elegimos o llegamos a hacerlo?
Me da la impresión que tuve las oportunidades que llegué a distinguir, pero nunca las que realmente había. Es triste eso. Pensar que somos incapaces de caminar por el buen sendero, dirigir nuestros pasos con la habilidad suficiente. Sospecho que es un problema humano. Puramente humano. Específicamente humano. Las aves saben emigrar. La monarca repite el mismo itinerario que su respectiva bisabuela. El elefante conoce su cementerio... ¿Sabemos nosotros lo que tenemos que hacer?

Invisibles; vuelvo a serlo, a estarlo. Puede que sea mejor así. Puede que nadie sepa, en el fondo, hacerse ver de verdad.
Mostrarse no es nada sencillo.
Hasta luego, AK. No me encuentro muy bien. He dejado de comer, puede que así mejore.
Esto que hago hoy me parece una pérdida de tiempo... Ya te lo he dicho antes de que te fueses, pero es que no se me va de la cabeza esta sensación de torpeza. Ya, ya lo sé; es mi ciclo del ánimo, mi bucle del demonio, pero saberlo no lo mejora en absoluto. ¿No tienes otra respuesta en la recámara?
Está lloviendo a ráfagas. Entre medias sale el sol. Hay alguien ahí arriba que se parece demasiado a mí... Puede que se esté cociendo algo importante. Cuando los medidores oscilan es que se avecinan cambios. No es que me disgusten, pero son incómodos. Te acostumbras a ponerte el abrigo y luego te lo tienes que quitar. Te acostumbras a los tirantes y luego te tienes que poner mangas. Te acostumbras a los 29 y terminas cumpliendo 30. 40. 50... Dios, 50. Aún así, quiero llegar.

Bueno, no está mal para una momia. Algo es algo. Me estoy desempolvando poco a poco. Podría ser peor. Podría sufrir amnesia, o haberme zampado todos los donuts de la nevera. Pero hoy he cobrado y eso me hace un poco feliz. Al fin una recompensa. Qué dura es la vida.
Saludos, AK... Cuando cumplas 47 te compraré un fusil de asalto para celebrarlo (de mentira, so crédulo)
Me vuelvo a lo méo. Chao.
Te veo luego.
Entrada: phyde
Crisis. Crisis. Crisis. Si no fuese por las connotaciones negativas sería un nombre perfecto para un hijo o una hija... Hola, me llamo Crisis García. ¿No es el máximo grado de la sofisticación perversa?
Grandes estudios comparativos afirman que existe correlación entre las épocas de expansión económica y una generalizada retracción artística, y viceversa; el decrecimiento de la riqueza confluye con el apogeo del mundo del arte y su evolución. En otras palabras, la falta de liquidez mundial va a sacar partido de la imaginación, el ingenio y la creatividad de cuantos habitualmente se entreguen al manejo de tales virtudes, en menoscabo de posibilidades laborales más reales y menos sufridas; en mi caso, claro. Los hay que no sufren nunca por nada, para que nos vamos a engañar. Hoy ya no necesitamos pulir un espíritu masacrado para, después de acumular experiencias vitales más o menos instructivas, lograr construir una obra de valor acorde a nuestros sentimientos. Qué va. Ahí va otro futuro posible nombre para el hermano pequeño de Crisis: Manufactura.
Decía que hoy todo se manufactura. Se trata de fabricar con fines gananciales. Y como hoy todo empresario quiere ganar, pues se fabrica cualquier cosa. El mundo del arte no es una excepción. Cantantes, actores, escritores, pintores, bailarines... Se producen como rosquillas. Hay una fábrica en algún sitio donde montan las piezas y salen preparaditos para saltar al escenario. Aunque son sospechosamente parecidos, se ve que los moldes se ajustan firmemente a cánones de belleza concretos. Disney, un ejército de calcamonías del buen adolescente. Hollywood, una fábrica de muñecas y muñecos de papel. Las actrices gordas son actrices gordas, pero nunca actrices estándar. Los actores feos son actores con carisma y talento, pero nunca actores estándar. El actor o actriz estándar es el hombre y la mujer de físico perfecto. Y aquí yo me pregunto... ¿Cómo es el escritor prefabricado?

Suelo pasear a veces entre los estantes de las casas de libros y me doy cuenta de que yo siempre fui muy pobre, pobre de verdad. Y sigo siendo muy pobre. Puede que la crisis ponga de moda la manufactura de escritores pobres...

Puede que sea el momento de sacar la cara de verdad. Como mucho, me la parten... Si no hay nada más que perder, me sale muy barato.
Entrada: Oberón
Buenas noches, mi nombre es Oberón. Nací y crecí en una celda con puerta abierta pero nunca supe salir. Puede que las puertas más importantes sean invisibles para nosotros o puede que yo siempre haya estado demasiado ciego para el lugar donde habité tantos años. No es fácil sobrevivir después de un largo tiempo de presidio. El alma se acartona y se congela mientras el aire envejece nuestra tez. Y puede que no pase nada más. A muchos les ocurre que nunca les ocurre nada. Sólo se van muriendo día a día, sin poder justificarse, sin poder enmendarse. Otros, los más desfavorecidos, ni siquiera se dan cuenta. O puede que comprender sea otra puerta contradictoria, demasiado para aguantar la embestida.

Llevo mucho tiempo trabajando. El mío es un trabajo silencioso y oculto, a escondidas. Nadie sabe de las noches tristes y ojerosas de Oberón. Nadie me paga por algo que nadie sabe que hago. Lo peor es que quizás nunca lleguen a pagarme. Aún así, yo continúo. Soy esclavo de una pulsión superviviente, la mejor que he desarrollado y en mi defensa quisiera decir, desearía admitir que he llegado a amar esta forma de vida... Sin ella no sería diferente de los demás. ¿Y cómo voy a vivir como el resto? Demasiado ajeno, demasiado extraviado. Lo he sabido desde que me conozco por eso me mantengo discretamente callado o, la mayoría de las veces, exageradamente charlatán. Hablar es un ejercicio consumatorio muy útil cuando apenas comunicas nada. Parlotear mientras tratas de parecer normal, la especialidad de los desterrados mentales. Me gusta intervenir sin determinar, escarbar sin molestar. Es mi forma de permanecer anclado al mundo. Sin las conversaciones todas mis ideas atraparían esa parte de mí que aún responde al medio civilizado. Y mis ideas, esos pequeños gérmenes horribles, engendros incomprensibles, fetos inconclusos cuya imagen no debe ser contemplada por nadie pues su mera exposición causa espanto y miedo, deben permanecer secretas. Yo les alimento, les cuido, les prodigo cariño y limpieza. Con los años, adquieren la simetria necesaria para expresarse coherentemente pero nunca antes de un proceso minucioso.
Existe una intención, un deseo polizonte en nuestras tripas que jamás se marcha. Está ahí, significamos algo por ello. El viaje es atraparlo, diseccionarlo y, una vez asimilado, hacerlo resucitar. El viaje es sacarlo de dentro. El viaje es, siempre, liberarlo.
Aunque haya que perder las uñas arañando puertas equivocadas.
Entrada importada, creada el 15/01/2009
El otro día pudimos asistir al final del duque por duplicado, como tiene que ser. Debería utilizarse este recurso para todo lo que vemos en la tele y así el mundo entero sobreviviría, con total seguridad, doblemente feliz. Pero bueno, esa es otra historia. Aunque Telecinco haría bien en exportar esa idea a GH. Imaginad al día siguiente; cuánta satisfacción, cuánta alegría repartida por igual entre Ivanistas y Antiivanistas hablando de los justos resultados y de la razón de la audiencia... Cuánta felicidad desperdiciada por empeñarse en seguir la línea temporal de la realidad. Vaya tontería.
Los últimos minutos de "Sin tetas no hay paraíso" sirvieron para hacer confluir la vida y la muerte, el sueño y el destino, el amor y el castigo. Ambos finales son dignos de una serie escrita para contar el amor sin barreras y por encima de cualquier sacrificio. El amor bonito, el bueno, es así. No se para, no se detiene, no duerme, no se calma nunca; puede disimularse pero carcome por dentro como una enfermedad incurable. El amor en su estado puro es tan grande que nada ni nadie importa más que la persona a la que amamos; funciona así, desde el principio de los tiempos.
El duque es tiroteado. El duque cae y recibe más balazos que ensangrentan su pecho. Cata, su amada, acude. Y él reune fuerzas suficientes para rematar al asesino desde el suelo y salvar la vida de su chica. Hasta aquí, todo cabal. Creíble. A cualquiera que viva como el duque le puede pasar esto, son los riesgos de ser un delincuente. Te expones a algunos peligros inconvenientes. Desde el sillón de mi casa el duque me da pena, me da rabia. Y eso que no lo conozco de nada. A mi alrededor, algunas mujeres de edades variadas empiezan a gemir con el alma en un puño. El héroe se apaga, el hombre de la voz marinada con carbones y mirada volcánica. El tío de músculos de acero. El macarra fiel a su corazón. Se muere... ¿Y qué hace Cata?

Catalina se aproxima. Se arrodilla... Y llora. Y es aquí donde las piezas, sin duda, no encajan. Baja la vista y contempla al amor de su vida, el hombre sin el cual ella no puede vivir. Sabe, intuye que se va a acabar, que pueden ser sus últimos momentos, así que derrama lágrimas inconsolables. Al menos, eso es lo que intenta. Pero qué poco llora... Me pareció que no lo quería tanto como decía cuando se quedó allí, estirada, mirándolo desde la distancia. No había desesperación en su expresión, ni desconcierto, ni mejillas turbadas, ni pupilas perdidas. No había gritos, ni chillidos histéricos, ni tirones de pelo, ni aspavientos con los brazos para calmar la ansiedad del momento. No había besuqueo incontrolado, ni la fase de negación psicólogica con la que nuestra mente se defiende de una realidad demasiado horrible para ser aceptada. No hubo nada de esto. Cata se quedó allí, arrodillada, un poco despeinada, mirando hacía abajo mientras suponía que venía una ambulancia. En algún momento pareció que había atropellado al perro del vecino y lo contemplaba compungida, con un poco de lástima... Animalito.
Yo, la verdad, en el lugar del duque me habría cabreado muchísimo. Hubiese esperado una despedida terrenal tipo "Duelo al sol". También me habría conformado con las lágrimas del niño de ET, cuando hipaba desconsolado porque el bicho de sus sueños se moría. Incluso, en la mayor de las exigencias, hubiese esperado los delirios de Juana la Loca, ver su dolor reflejado en sus carnes, poder comprobar que mi espíritu moribundo se muere también en ella porque de verdad somos un solo ser, un único corazón a punto de romperse para siempre. Pobre duque. Se murió en silencio, sin los alardes que merecía su agitada existencia. Sin ese beso sudoroso, sucio, lleno de lengua y saliva que se dan los amantes antes desepararse para toda la eternidad. Sin los temblores de su chica llenándolo de golpes, sin un estrecho abrazo de impotencia continuada, sin pasión...

Es difícil sentir el dolor ante las cámaras, pero no imposible. Existen, sin duda, otras míticas escenas; para mí, sólo hay una. He aquí el dolor de la muerte de un ser querido. Escalofriante de principio a fin. Al Pacino, el grito sordo, luego desgarrado, más angustioso de la historia del cine... El Padrino.
Esto se merecía el duque.... Por lo menos. ¿O no?
Entrada importada, creada el 04/01/2009
Hace tiempo escuché a una presentadora con un largo historial televisivo explicar el método de dicción utilizado en los setenta por las de su gremio; afirmaba, orgullosa, cómo la clave del triunfo radicaba en mantener los dientes superiores e inferiores bien alineados y ligeramente separados, pronunciar sólo moviendo los labios y mantener una estupenda sonrisa, la cual era facilitada por la aplicación de algún tipo de vaselina sobre los marfiles. Con la grasa, como todo el mundo sabe, todo resbala mejor. Hasta la felicidad...
La proliferación de canales y medios ha obligado a mejorar estas técnicas expresivas incorporando nuevos conceptos, a cual más atractivo para la audiencia siempre ávida de juicios rápidos. Así, resulta imprescindible que la primera impresión sea impactante y efectiva; cabría destacar las piernas kilométricas de Igartiburu, siempre dobladas de manera magistral y en primer plano, una infinita variedad de pechos estudiadamente sugeridos y dignamente representados por Sonia Ferrer, Marta Fernández o Lourdes Maldonado, los ojos hipnóticos de Helena Resano o los de Raquel Martínez, los labios carnosos de Susana Griso por excelencia y los cuerpos meramente ornamentales, como es el caso de Pilar Rubio o Eva González; qué puedo decir...

Pero hay algo más. Existe un elemento secretamente explotado que estimula nuestra imaginación y juega con nuestros instintos primarios sin que podamos evitarlo. Desde los Stones venimos adivinando el poder de este órgano mojado y elástico pero nunca, hasta los albores de este siglo, se había normalizado tanto su uso doméstico en pantalla. Y es que la lengua es, ahora literalmente, la nueva reina del proceso de comunicación; por supuesto...
Mi pobre memoria aún recuerda a una jovencísima Britney Spears bailando como una colegiala en su primer "Baby one more time", un éxito sin precedentes en el mundo entero. Todos reconocían que la chica era una promesa, la canción pegadiza, el toque picante de su indumentaria, sus trenzas y hasta sus méritos vocales; pero yo, que soy puramente lineal y suciamente lascivo, por más que examinaba el producto sólo conseguía ver a una menor sacando compulsivamente la lengua hacia la cámara, con premeditación y alevosia morbosa. Ayuda el hecho de que la imagen y el sonido se graban separadamente, claro, porque tales maniobras linguales se antojan imposibles al tiempo de la emisión de fonemas en cualquier idioma. Alentadas por el éxito y, seguramente, por agentes artísticos avizados y debidamente preparados, otras muchas sacaron la lengua con idéntico éxito. La última fue Shakira, en su "Que me quedes tú", donde la colombiana americanizada de rubio platino lame las palabras, una y otra vez, mientras escuchamos la melodía de fondo. Vende, venderá millones, seguro.

Durante años supe que todo aquel despliegue de saliva no era más que un truco de ficción, un efecto artificioso inexistente en sujetos normales. Pero me equivocaba. Y fue la misma tele la que me mostró, con la naturalidad de los que saben hacer realidad los sueños, que todo es posible...
Mamen Mendizabal. Ella es la diosa, el icono de la dicción sensual. Ella y su cuerpo, ella y su cara pero, sobre todo, ella y su maravillosa lengua, cuya humeda superficie aparece constantemente en mitad de sus dientes como un artilugio provocador a cada segundo mientras continúa un discurso perfectamente entendible. La he observado en infinidad de ocasiones y su extremo deglutor siempre está ahí, visible, acaparando su rostro, presidiendo su elocución, impregnando el espacio donde ella respira, lamiendo todo aquello que alcanza como un gran monstruo sexual. Mamen es la prueba viviente que se puede sacar la lengua y hablar al mismo tiempo; además lo hace sin forzamientos, de manera natural, como si su blanda directriz ambicionase chupar a los televidentes, mojarnos a todos... Y vaya si lo consigue.

Mamen Mendizabal debería presentar en todos los canales, a todas horas, mostrando su lengua. Me hipnotiza, me obnubila, me empequeñece. Frente al espejo he intentado imitar su técnica pero ella es irrepetible. Pruébenlo; entenderán al instante. Oh, Mamen, vuelve. Esa boca tuya se merece un primer plano en Times Square, eternamente chupando. Eternamente moviéndose, eternamente desnuda. Eternamente lengua.
Entrada importada, creada el 28/12/2008
Mi generaciónes la de la televisión. Nacimos con ella y crecimos bajo su luz cuando solamente sobrevivía durante las horas diurnas. Al llegar la noche, se ajustaba para descansar con aquella carta de colores como despedida. Qué frustrante. Y sus dos canales, la versión bipolar de la vida convertida en electricidad visual, haciéndonos creer que podíamos elegir. Demostrando que siempre existe una segunda opción en la vida. Ahora que lo pienso, era una hermosa enseñanza. Aunque había que aproximarse para que funcionase, presionar el botón grande y plateado que la resucitaba con aquella extraña espiral de reanimación incandescente, en su tubo interior, tras el cristal opaco. El enigma del tubo. Al final, todo es cuestión de tubos...

Recuerdo retazos de la programación, escenas intermitentes. El ritmo de la vida era mucho más lento. Y es que, acortando las posibilidades, alargas el jornal. Quizás con la existencia ocurra lo mismo; a mayor número de metas personales corresponde una menor dotación de tiempo. Hoy nunca llegamos a cumplir nuestras tareas, nunca terminamos los deberes. Y aunque los más esforzados lo logren, el tiempo de ocio se ha reducido considerablemente. No existen ratos vacíos. No existen ratos perdidos. Es más, si existieran, nos sentiríamos enormemente culpables de tenerlos. Malgastar el tiempo, ese oro de cuarta dimensión, es un hecho reprobable y extraordinariamente castigado socialmente porque revierte de manera negativa en nuestra consecución de logros vitales. Cuantas más horas de reloj desperdicies, peor serás. Esa es la consigna.
El futuro, por tanto, depende del aprovechamiento adecuado del tiempo actual.
Existen hoy personas altamente eficaces gestionando su tiempo. Diseñan, planean, proyectan su vigilia bajo un estricto cómputo numérico; luego lo siguen y lo persiguen hasta cumplirlo. Esta clase de individuos causan en mi una gran admiración. No se quedan a conversar porque tienen que hacer. No salen ahora, sino luego, porque así lo decidieron desde un comienzo. No hacen esto, sino lo otro, porque encaja mejor en su personal administración de ocupaciones. La vida no fluye sobre ellos, sino que ellos dan buena cuenta de la vida. La trocean, la mastican y la degluten con la determinación de una máquina. No hay nada que decir ni que hacer porque, a los ojos de los demás, son personas altamente responsables.
Y las personas responsables son las más valiosas de este mundo.

Así, si organizas tu valioso tiempo, serás a la vez un tipo valioso. Sólo la calaña como yo se atreve a permanecer a solas, a oscuras, en silencio, en una habitación cerrada, observando un televisor encendido...
Como dice mi favorita... ¿Me estaré volviendo loco de verdad?
Apagaré el ordenador cuando acabe. Creo que necesito respirar un poco de mi propia corrupción humana... La tele me sigue matando.
Entrada importada, creada el 9/12/2008
Las guerras agotan... Sus milicianos terminan rendidos y acabados, como los franceses comidos por animales feroces en las veredas de la estepa rusa. ¿Quién puede mantenerse impávido ante el acoso incesante de las fuerzas oscuras? Hay un mecanismo de reacción, inherente y particular en cada ser humano, que condiciona el modo, tiempo y clase de respuesta a la presión externa. Sin duda el mío es la violencia alevosa y premeditada, esa que no deja tiempo a una respuesta del enemigo porque se nutre de la sorpresa y la traición, ambas combinadas con la maestría de un conocimiento amplio y detallado. Pero,hace tiempo, siento en mí esa desazón que me impide el contraataque...¿Soy más viejo, más lento? Posiblemente me importa mucho menos ganar. Y aquí definimos, por fin, la clave primaria de las guerras... Que no aspires a ganar.
No ambiciono laureles sobre mi cabeza. Creo que únicamente me importa saber un poco más, cada día. Tienta convertirse en otro monstruo y caminar a su lado, empeorar hasta ser capaz de hazañas abominables. Sé de lo que hablo, no es tan difícil caer en la tentación. Saborear el otro lado siempre es un reto divertido y reconfortante, pero... Se paga. La pureza es un valor inaccesible cuando te vendes al mejor postor, cuando humillas el tiempo que la vida nos ha regalado. -¿Y a quién le importa ser puro?- Podría rebatir cualquier moderno demagogo, apoyado en los nuevos valores del mercado y el ateísmo férreo. -¿Para qué sirve una cualidad que nadie paga?
El servicio de las capacidades puede sernos invisible. El servicio que nos presta la honestidad, la valentía, la defensa de la verdad; carecen seguramente de una rentabilidad visiblemente apetecible. Y el ser humano parece haberse dejado caer en ese abismo donde apetencia e inmediatez van de la mano, donde cumplir un deseo personal está por encima de las necesidades de la persona que nos importa... ¿Cuántas veces preguntamos al otro lo que quiere? ¿Cuántas veces tratamos de hacer lo mejor para los demás, aún perjudicándonos a nosotros mismos? Dar las gracias....
Regalar. Ofrecer ayuda. Empeñarse en que la vida de los otros sea mejor.
Una entrada incomprensible, pero hoy no me apetece escribir sobre nada más trivial. Me estoy asfixiando. Últimamente me pasa a menudo. No encuentro el modo de soltar las amarras. Deseo liberarme pero no sé cómo hacerlo, no encuentro el modo. Me faltan recursos para elegir formulas decentes. El agujero de luz se estrecha y sólo pienso en caer de nuevo en lo mismo... Me he puesto la armadura, ya sé lo que pasará si sucede. Tendré que volver a la lucha. Y es inminente, huelo el calor de la pana a kilómetros. Me estoy acercando como el lobo sobre la nieve. Demasiado tiempo hambriento, demasiado tiempo solo. Estoy cambiando, estoy mutando.
Estoy soñando.

Entrada importada, creada el 17/10/2008
No tengo ni idea de cómo he venido a parar aquí... Bueno, sí. La corriente difusa y esa estúpida tendencia a perder el tiempo. Me sale caro escribir pero me cura las heridas. Les pasa a muchos aunque hay quien aprovecha mejor las oportunidades. Hay quien sabe cómo sacar partido a los días. Llevo semanas, meses, perdido en internet, navegando como un zombie entre tinieblas de noticias, foros, chats, juegos, correos, compras y otras pasteladas. Ni siquiera he visto pasar septiembre, ha sido como un soplo de viento en la ventana. Trago saliva cuando me doy cuenta de lo que me está pasando. Me ataca. Supongo que al fin he decidido contarlo, como el asesino arrepentido. Estoy aquí para contar mis suciedades.
Esta mañana una amiga cubana me decía lo dura que es la vida. Me lo decía con mayúsculas, porque gritaba. Me encantan las mujeres que se enfadan cuando hablan. Intuyo que son así siempre y eso me pone... Mientras, una mínima parte de sangre en mi cabeza me repetía que ella tiene razón. La vida es dura. Por eso hay que morderla y patearla, arrastrarla por el suelo hasta que parezca otra. Como al pulpo, hay que mazarla a conciencia. Si no lo haces, te mueres. Si no lo cuentas, también. Si no aprendes de ello, terminas aniquilado. Y creo que vienen a por mi. Hace unos días trate de buscarme en un lugar equivocado y ahora una panda de oligofrénicos me persigue para molestar mi existencia. Yo sólo quería un poco de inspiración; confieso que la necesito para mis fantasias y mis historias sin nombre. Pero a veces no es bueno explorar, ni siquiera en internet. Hay callejones peligrosos, basureros oscuros llenos de pedigüeños y otros desperdicios. Internet es una ciudad llena de ghettos. ¿Qué puedo hacer? Me gusta merodear, pararme en las esquinas.
No tengo miedo. Tengo para todos. Estaré aquí, esperando. Tiene algo de divertido que todo salga mal. Que todo se vaya a la mierda.
Es la única forma de empezar de verdad.